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"Annihilation," now on Netflix. (Photo labeled for free reuse on Google Images)

Reseña: “Aniquilación” en Netflix

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Como una máquina incapaz de detenerse a sí misma o una célula cancerígena en el irremediable camino de la duplicación, Netflix nos trae una nueva producción de ciencia ficción: “Aniquilación” (inglés: Annihilation), primera parte de la trilogía literaria The New Weird del escritor estadounidense Jeff Vandermeer.

Dirigida y escrita por Alex Garland, creador ya conocido por su sobresaliente ópera prima Ex Machina, este largometraje protagonizado por Natalie Portman llega con una curiosa historia de fondo.

El popular Netflix. (Photo: public domain)

Se cuenta que la productora intentó suavizar los matices más psicodélicos de la obra de Garland para lograr atraer a un mayor espectro de público, lo que obtuvo la negativa directa del director.

Así, esperando un fracaso de taquilla ante una película demasiado intelectual, la productora decidió venderla a Netflix, quien obtuvo la distribución internacional de la misma. Nos encontramos aquí con la deconstrucción de una historia a través del prisma de una idea: La bióloga Lena, acompañada de un grupo de especialistas, se adentra en una zona contaminada donde la mutación se ha vuelto la norma, generando así todo tipo de extrañas criaturas.

Camino sin retorno, quien traspasa la multicolor barrera que separa este espacio del resto del mundo parece quedar atrapado para siempre.

En un torbellino en el que el espacio y el tiempo se diluyen y confunden, la vuelta al hogar se vuelve un imposible y el avance hacia el núcleo motor del caos la única opción plausible.

La zona en cuestión (nacida bajo el claro amparo de la filmografía de Tarkovsky) persigue ciegamente una continua fragmentación y reordenación genética que más allá de limitarse al terreno de lo narrativo, se adentra en la propia construcción de la historia y la personalidad de los personajes. Al igual que las manos que tras un vaso de agua se desdoblan al inicio de la cinta, “Aniquilación” encuentra en la repetición deformada la manera de contar su historia. Desde las motivaciones de los personajes hasta los planos o la propia iluminación, todo parece haber sucumbido al influjo caótico de esta misteriosa zona.

Todo se aleja de un centro neurálgico ordenador y se vuelve independiente, dejando al espectador como único elemento unificador encargado de rellenar los vacíos (con partes de la propia película o con sus propios conocimientos del género).

Aunque la brillante media hora final parece unificar la película (sólo para generar mejores preguntas), esta nueva apuesta de Netflix deja entrever cierta falta de sustancia escondida entre los vacíos que dividen sus partes.

¿Qué existe entre las mutaciones? ¿Estamos acaso ante una relectura en clave scifi de la sociedad del Big Data en la que toda mínima parte de nuestro yo digital acaba siendo vendido y reinterpretado por misteriosos terceros? ¿O estamos, simplemente, ante una película con grandes cabos sueltos?

"Analytics." (Photo: public domain)

Independientemente de las respuestas, nunca hay que dejar de apreciar las producciones que apuestan por grandes preguntas, sobre todo cuando éstas llegan a condicionar de tal modo la narrativa y la estética de la película en cuestión. Interrogantes a los que el metraje de la película se le queda corto y se expanden cuestionando así nuestros propios hábitos de consumo:

¿Por qué una película de ciencia ficción sin superhéroes o robots gigantes no es capaz de llegar a la gran pantalla?

O la más temida de todas: ¿Cuántas producciones independientes de calidad como la que aquí se analiza no han llegado a existir por culpa del monopolio del universo Marvel?

Las respuestas nos toca encontrarlas (o construirlas) nosotros mismos.

Comencemos antes de que sea demasiado tarde.

Por Rubén Palmero Acosta

“Soy un estudiante de televisión y cine de las islas Canarias, obsesionado con la ciencia ficción, terror, cine de autor, narrativas queer y el café turco. El audiovisual es mi pasión y seguir miles de series mi maldición. David Lynch y Yasujirō Ozu son mis dioses y Christopher Nolan mi enemigo.”

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